El tanque de Indalecio
Posted by Josep Camós en 30/12/2006
“Ahora los coches se abollan con nada”, dice Indalecio mientras observa el turismo de su nieto Carlos. El vehículo ha salido bastante perjudicado tras un encontronazo que al buen mozo le va a costar tres puntos de permiso y muchos euros de taller. Carlos ha salido ileso, pero a su abuelo le preocupa más el coche: “Antes chocabas contra otro y te rascabas un poco la pintura, pero fíjate: ahora los hacen de plástico; claro que se rompen, no se van a romper con una calidad así”. Indalecio está orgulloso de su Seat 1500. “Es como un tanque”, se jacta.
Como un tanque. Cuando un vehículo se mueve, cada uno de sus ocupantes viaja a la misma velocidad que el vehículo. Al detener su marcha repentinamente, a consecuencia por ejemplo de una colisión, todos los cuerpos que se hallaban en movimiento conservan una inercia mecánica que los hace proyectarse en la misma dirección y sentido que llevaban hasta el momento de la brusca deceleración. La imagen es clara: ¿Quién no ha cabeceado por culpa de un frenazo?
Vamos a sentar a Indalecio a los mandos de un tanque, bien atado de pies, manos y cabeza al asiento para que no se haga daño. Ponemos el tanque en marcha a 50km/h con la desgracia de que se nos estrella contra un muro muy, pero que muy, grueso. Indalecio ha muerto en el acto sin haber sufrido una sola herida. ¿Por qué? Pues porque ni el tanque ni el cuerpo de Indalecio, atado como estaba, presentaban la elasticidad necesaria para permitir la disipación de la energía cinética acumulada en el momento de la colisión. En otras palabras, los únicos elementos móviles de Indalecio (sus órganos vitales como el cerebro) pretendían seguir su viaje a 50km/h pero han chocado contra la estructura ósea de su dueño. ¡Chof!, ya no hay Indalecio.
Y es aquí donde entran en juego las deformaciones programadas que evidencian los conocidos ensayos de choque. Cuando el vehículo colisiona, la energía cinética acumulada se transmite por una parte de la estructura del vehículo, que la absorbe mientras se deforma. De esta manera la deceleración es menos brusca y afecta menos a los ocupantes del vehículo, que quedan relativamente a salvo dentro de un habitáculo indeformable. La deformación se complementa con el diseño semirretráctil de algunos elementos del vehículo, como las ruedas o la columna de la dirección, por ejemplo. De esta forma se evitan intrusiones de estas partes en el interior del habitáculo.
De todas formas, el hecho de que un vehículo supere con alegría los ensayos de choque no debe hacernos olvidar que estos se efectúan a una velocidad situada entre los 40 km/h y los 64 km/h. Por encima de esa velocidad, nadie homologa nada porque ningún fabricante es capaz de garantizar que salvaremos el pellejo en caso de colisión. No en vano la relación entre energía cinética, masa del vehículo y velocidad no es proporcional, sino exponencial cuadrática (E=1/2mv2). Para poner algunos ejemplos, consideramos un vehículo de 1000 kg de masa (es decir, un utilitario pequeño) que se lanza contra un muro indeformable a diferentes velocidades. Al duplicar la velocidad, se cuadruplica la energía cinética que debe disiparse:
- A 60 km/h, el choque equivale a que la masa del vehículo se multiplique por 138
- A 100 km/h, el choque equivale a que la masa del vehículo se multiplique por 384
- A 120 km/h, el choque equivale a que la masa del vehículo se multiplique por 551
¿Sigo o no hace falta? No debemos olvidar jamás que aunque los vehículos y las vías hayan evolucionado en los últimos años, las leyes de la Física son las que son. Por muy seguros que aparenten ser nuestros coches, nosotros seguimos siendo altamente frágiles. Como Indalecio.


canopus escribió
Recuerdo un episodio de “Los Simpson” donde Homer dice una gran frase: “En esta casa se respetan las leyes de la termodinámica”
Y eso es precisamente lo que les ocurre a muchos conductores temerarios: no solo se saltan las leyes de tráfico, cosa facil, sino que incluso pretenden saltarse las leyes de la física elemental… con los resultados que todos conocemos.
Josep escribió
Pues mira que para que hasta Homer Simpson lo tenga tan claro…
pedro escribió
Muy buen artículo y muy buen sitio. Me alegra haberlo descubierto. Un saludo y ánimo con el sitio.
Josep escribió
Gracias. Un placer.
Ahora… cuéntaselo a alguien
Informático escribió
Muy interesante tu web la voy a recomendar. Me gusta sobretodo su estilo desenfadado.
Un saludo.
Josep escribió
Gracias. Un placer.
Ahora… cuéntaselo a alguien
No me llevaré el premio a la creatividad en comentarios, no.
El blog de Javier Costas » Una cuestión de superficie escribió
[...] no estaríamos más seguros que en un utilitario. Josep habló de esto de forma magistral en un artículo de hace unas semanas. Lo que no absorbe el coche, es para los seres humanos. El coche no es más que una máquina, no [...]
pipistrellum escribió
Hay que tener en cuenta que normalmente se uno ve que se la va a pegar y frena antes de pegarsela. Pero resulta que tambien hay sorpresa y las cosas no son lo que parecen.
Josep escribió
Sí, normalmente uno frena antes de chocar, pero también hay que tener en cuenta que rara es la vez que uno va circulando a sólo 64km/h.
pipistrellum escribió
Perdona, no me ha salido bien el link.
Video que muestra que una diferencia de solo 5 km/h (60 y 65) en el momento de frenada, supone que en momento del impacto haya una diferencia de 27 km/h(32 y 5km/h)