¡En la boca no!
Posted by Josep Camós en 23/02/2007
Es lo que tienen los niños, que te pasas el día diciéndoles que no se metan cosas en la boca. Claro, las criaturas tienen el reflejo de reconocer cualquier objeto a golpe de chuperreteos y los que no somos tan críos nos apercibimos del riesgo que conlleva llevarse a la boca cualquier cuerpo extraño. Porque mira que son raras las cosas que pueden aparecer en la boca de un bebé: desde un muñeco hasta un cochecito.
El caso es que más de uno no tan niño, conduciendo con un palillo entre los dientes, fumándose un cigarro o simplemente sosteniendo un boli entre los labios ha dicho adiós a este mundo cruel. Son las consecuencias del impacto de un airbag cuando se despliega a 300km/h para evitar que te comas el volante. Y entonces acabas con una indigestión de un mísero boli Bic que te atraviesa la garganta como una lanza. Cosas de la vida.
Como sabes, un airbag es un cojín diseñado para inflarse de nitrógeno en un tiempo máximo de 70 milisegundos. Eso no da tiempo ni para decir “¡coño…!”. En caso de colisión, aunque sea a poca velocidad, la sorpresa está servida. Y el impacto del airbag puede ser considerable, porque la misión de este dispositivo es contrarrestar la inercia del conductor en el momento de la colisión (acuérdate del tanque de Indalecio), de modo que se despliega violentamente.
De hecho, hace ya tiempo que se vienen denunciando otros daños colaterales del airbag, como quemadur
as y casos de ceguera. Lejos de las especulaciones sobre el daño que pueda ocasionar la combinación de nitrato de potasio, dióxido de silicio y ácido sódico que se emplea a fin de impulsar el airbag, lo más razonable es pensar que las quemaduras pueden darse por simple rozamiento del tejido del cojín contra la piel a muy alta velocidad.
En cuanto a las lesiones oculares, es cierto que la ONCE ha denunciado la especial incidencia del airbag como causa de ceguera de sus afiliados, ya sea por rotura de gafas o por la incrustación de fragmentos varios entre el cojín y los ojos de los afectados. Al fin y al cabo, recibir un golpe de airbag es como recibir en medio de la cara la fuerza equivalente al impacto de todas las collejas de tu infancia reunidas de repente para la ocasión.
En cualquier caso, y como siempre digo, la seguridad total no existe, pero no por eso vamos a quedarnos en casa, metidos bajo una mesa. Dicen que el airbag salva vidas. Pero también entraña sus riesgos. Si no puedes conducir sin gafas o si no te has hecho con unas gafas homologadas para la conducción (entre otras cosas, porque no existen todavía) tampoco es cuestión de amargarse la vida. Pero lo que se puede evitar, se puede evitar. Que tiene que ser muy triste morirse por culpa de un mondadientes, a ver cómo lo explicas luego. Y, después de todo, tú ya hace tiempo que no eres un bebé, ¿verdad?

Jaume escribió
Esto viene de esa extraña manía tan extendida de tomar el coche por una extensión del salón de casa. Se empieza por poner tapetes de encaje sobre los cojines que ornan la tableta del maletero (y que merman la visibilidad, los cojines), y se acaba por mordisquear el boli, hablar por el móvil, ver la tele, tomar algo, comer el bocata, etc. Y todo esto mientras se está conduciendo. El culpable de dicha amalgama quizás sea el exceso de confort que brindan los vehículos actuales.
Un coche se desplaza a una cierta velocidad (en ocasiones, elevada), induciendo fuerzas considerables sobre sus ocupantes. Convertirlo en un salón para relajarse un rato sólo me parece buena idea con el vehículo estacionado (que no parado) en los espacios previstos para ello, cada dos horas de monótona autopista, por ejemplo.
Tal vez la solución a este tipo de problema pase por una campaña de concienciación colectiva que explique claramente a la gente porqué no hay que conducir con según qué gafas o con el boli en la boca, del mismo modo que cuando era chaval mi entrenador me dijo porqué no podía jugar a fútbol con gafas (sino con lentillas), o con la cadena-medallita en el cuello.
Jaume
Josep escribió
Bueno, y esa extraña manía tan extendida de tomar el coche por una extensión del salón de casa viene del exagerado uso del automóvil que desarrollamos hoy en día. Si no tuviéramos que desplazarnos varios kilómetros hasta para la más mínima chorrada conservaríamos un poco de sentido de la diferencia al ponernos a los mandos del coche. Como lo equiparamos al caminar, operamos como si fuéramos peatones. ¿Que nos apetece un bocadillo? Nos lo comemos al volante. ¿Que nos viene en gana una cocacola? Los coches ya traen hasta el hueco para ponerla. Yendo más allá: ¿que nos hemos acordado de que teníamos que pasar por nosedónde? Volantazo y sin problema.
Volviendo a lo que nos ocupaba: así las cosas, ¿cómo vas a convencer a alguien de que un palillo es peligroso? ¡Si es un objeto inofensivo de lo más cotidiano! Aunque ese palillo viaje a 100km/h.
Javier Costas escribió
Me encanta la forma que tienes de decir las cosas. Si hubiese conducido alguna vez con un objeto en la boca, me habría sentido como un completo idiota. Menos mal que mascar chicle de momento es un comportamiento inofensivo al volante.
Josep escribió
Muchas gracias por el halago, pero lo del chicle no cuela: en caso de colisión puede taponarte las vías respiratorias, como ocurre con el cacho bocata de turno y con los dientes. Por eso el primer paso de la reanimación cardiopulmonar (conocida como RCP) es la limpieza de la cavidad bucal.
Pero, vamos, que es lo que digo siempre: si observásemos la seguridad hasta el último detalle no saldríamos de casa. Se dice que conducimos según un continuo seguridad-riesgo, y todos los extremos son malos. Lo ideal es moverse en un punto de equilibrio.
Sergio escribió
Otro daño colateral de ese globo es lo que te clavan para volver a metértelo en su sitio. Duele más que si te lo metieran por el culo (con perdón)
Josep escribió
Forma parte del precio no declarado del coche y se une a los gastos por mantenimiento, que normalmente nadie te confiesa cuando te está enseñando el que parece ser el coche de tus sueños. Luego, cuando no llegas a fin de mes, se convierte en el cacharro de tus pesadillas…