curvas rectas

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Aunque lo dijera Herodes

Posted by Josep Camós en 05/03/2007

Alvaro llama mi atención sobre una entrada de su blog que no tengo ningún inconveniente en referenciar, al contrario. Al fin y al cabo, un poco de spam al año no hace daño, y el asunto que nos presenta es tan tristemente habitual que no puedo evitar sentirme aludido. Transcribo cuatro palabras al respecto, a la vez que recomiendo la lectura completa del texto por su enorme carga emotiva:

Ha habido un accidente de unos turistas que iban 10 en un microbús (…) Otro vehículo que trataba de adelantar, como no le dio tiempo porque venía uno de frente y se iba a estrellar, pegó un volantazo y sacó a los 10 jovenes de la calzada (…) El conductor del microbús veía que se complicaba el adelantamiento, podía haber frenado él y hacerle sitio al conductor que adelantaba pero no…. (…) Por mucho que yo vaya bien, el que me lee vaya bien, cualquiera vaya bien, si de repente vemos que alguien no va bien y podemos hacer algo, hay que hacerlo ya que esto no se reduce a “si la caga que se joda”.

Tiene razón el autor de la entrada cuando finaliza su texto afirmando que la carretera es un reflejo de la sociedad. No es solo eso, sino que es un reflejo perverso de nuestra sociedad, de nuestro mundo si es este el mundo que creamos. Es un reflejo perverso de una sociedad que mira hacia otro lado cuando hay un problema que nos puede alcanzar y salpicar. Es un reflejo perverso de una sociedad que se encoge de hombros cuando contempla el mal trago que pasa otro. Porque mientras le pase al otro es buena señal ya que no me pasa a mí.

Todos, absolutamente todos, albergamos una cierta tendencia al riesgo, que nos lleva a explorar los límites de lo permisible y lo admitible, lo cuestionable y lo excusable, lo sancionable y lo perdonable. Cuando nos excedemos en la exploración de esos límites, caemos en la trampa de creernos con el derecho de decidir sobre el destino del resto de usuarios de la vía.

En la carretera no hay equipos. Lo de circular no es una cruzada. No existen ni culés ni pericos, no hay sevillistas ni béticos, tampoco merengues ni colchoneros. No va de eso la cosa. Tampoco es cuestión de ponerse las orejeras como un borrico e ignorar la existencia del otro. La carretera es un espacio común que gestionamos en común entre todos los que la empleamos. Y el que no quiera verlo así es que no ha comprendido nada desde que cruzó por su primer paso de peatones. Si es que lo utilizó.

Alone. Autor: ~Julian (flickr.com/photos/aviewfromhere)

 


5 comentarios to “Aunque lo dijera Herodes”

  1. madre de Helena escribió

    Pero muy pocos pensamos en los demás.
    En un coche nos transformamos y si en una acera o en una entrada cedes el paso, cuando estás en un coche, el más fuerte.
    Tampoco cuidamos el otro espacio común que tenemos, “la tierra”.
    Las acciones se van repitiendo a otra escala, a otros niveles.
    Pero algo bueno está sucediendo. Al menos ahora, vamos hablando.
    Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

  2. Josep escribió

    :roll: ¿Hablamos o predicamos en el desierto?

  3. Jaume escribió

    1. Educación (falta de)
    No predicáis en el desierto. La prueba: al leer este post, me he acordado del mensaje que nos transmitieron en la asignatura “Educación Vial” de 8° de EGB: “la vía pública es un espacio compartido por todos los usuarios (peatones, conductores, trabajadores…) y como tal debe ser utilizada con respeto y cortesía”. Esto se me quedó grabado con 13 años, quizás porque me lo explicaron bien, quizás porque nuestros padres nos supieron educar correctamente, quizás porque tenía (y aún creo tener) la voluntad de ser educado, en toda circunstancia, y no sólo cuando uno se siente expuesto a la mirada ajena.

    2. Egoísmo (abundante, con mucha hipocresía)
    Porque el otro problema es el consabido efecto “bola de cristal”. ¿Quién no ha visto nunca el señor imponentemente ataviado, en su imponente berlina, que aprovecha el semáforo en rojo para hurgarse en la nariz, frente al paso cebra? Es como si, una vez cerrada la puerta del coche, cristales subidos, cierre centralizado puesto, y aire acondicionado ajustado para estar en primavera todo el año, nos creyéramos aislados, desconectados del resto del planeta, como si ya nadie nos pudiera ver, oír ni sufrir. En dichas condiciones psíquicas, ¿quién se acuerda del peatón, del ciclista, del conductor del autobús, del otro?

    Jaume

  4. Yooooo escribió

    Yo lo intento. Cuando en una incorporación a una autopista veo que hay un coche que va por el carril que se va cerrar voy frenando para que se pueda meter delante de mí y esas cosas.

    No por que sea generoso, sino por si acaso no tenga que acabar habiendo alguna tontería. Tengo mucho aprecio a mi vida, a mi coche y a los melocotones en almíbar como para hacer el idiota en la carretera.

  5. Josep escribió

    :roll: Los melocotones en almíbar como factor de motivación interna… me lo apunto. :-D

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