Trastornos bipolarizados

18 04 2007

De la crónica del batacazo que publica hoy Alvaro en su blog me han llamado la atención un par de detalles: por un lado, la percepción personal de un incremento de los siniestros de poca monta, los que no salen en el sumario del Telediario; por otro, la certeza del aumento de los siniestros acontecidos en nuestras vías secundarias, esas que inicialmente sirven para conectar pueblos y ciudades pequeñas y en los últimos tiempos se han convertido en alternativas a las saturadas vías… ¿rápidas?

No acabo de estar de acuerdo con algunas de las observaciones presentes en el texto, pero sí veo un párrafo que me parece especialmente acertado aunque se fundamente únicamente en la experiencia personal y por ese motivo carezca de valor estadístico:

La gente conducía peor, más desatenta y en mi entorno cercano aumentaron los accidentes pequeños, tontos, únicamente con daños materiales. A partir de ahí formulé una conclusión: que el atenazamiento al volante de los miedosos y una falsa sensación de seguridad de los confiados han creado el cocktail perfecto para que se den estos accidentes.

Sabemos que en carretera fallecen una burrada de personas, otros tantos mueren al cabo de pocos días y muchísimos quedan destrozados de por vida. Esa es la lógica de la gravedad de los hechos, la lógica que justifica que la máxima cobertura mediática vaya a parar a los grandes siniestros, los que causan verdadero dolor, los que matan padres, madres, hijos y hermanos.

Sin embargo, hay otra realidad subyacente: la del pequeño accidente, la del golpe, la del esguince cervical o ni siquiera eso. Es la realidad que no ocupa grandes portadas aunque sí va calando en el día a día cuando en los boletines radiofónicos nos avisan de la ya clásica retención en tal carretera “a causa de un accidente”. Y con sus formas de lluvia fina esa realidad contribuye a que todos nos planteemos la siniestralidad de la carretera como un mal inevitable.

Esa es la siniestralidad del que paradójicamente desatiende la seguridad de la conducción cuando hunde el freno en aras de conservar su permiso ante un radar de control que le es ya familiar. Es la siniestralidad del que se piensa que por el hecho de pasar siempre por un mismo lugar puede deducir que las circunstancias serán siempre las mismas. Pero es también la siniestralidad del que confunde seguridad con entumecimiento cerebral, circulando con exceso de celo, ajeno a la postura que defiende que la conducción se establece en un continuo seguridad-riesgo en que lo óptimo resulta de la búsqueda de un punto central entre ambos extremos.

Aunque afortunadamente las colisiones sufridas por este conductor no suelen representar grandes pérdidas para la humanidad, no dejan de ser giros de tambor en la ruleta rusa de su forma de llevar el vehículo. Una ruleta en la que se la juega él y nos obliga a participar a ti y a mí.

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Tras haber discutido hasta lo indecible sobre el límite de velocidad fijado en 120 km/h para nuestras autopistas y autovías, ahora hemos descubierto que el problema mayor lo tenemos en las carreteras convencionales, en la red secundiaria, terciaria y en algunos casos tercermundista que utilizamos no sólo en vacaciones, sino también a diario durante nuestros desplazamientos obligados por las circunstancias.

Ciertamente, buena parte de las carreteras que nos rodean, sean estatales, autonómicas o locales, sirven a diario como alternativa al gran atasco presente en autopistas y autovías. No es extraño oír decir aquello de “yo prefiero ir más lento, pero ir tirando, que quedarme parado en medio de una retención en plena autopista”. Y ahí comienza el primer problema, cuando mentalmente se equipara una vía a otra que ni por diseño ni por mantenimiento ni por modo de empleo nada tiene que ver con las grandes infraestructuras.

La entrada de Alvaro revela un punto clave:

Para conducir en carretera de doble sentido hay que tener paciencia lo primero, ser ágil y directo en las maniobras, especialmente en los adelantamientos, y borrar el chip de la autovía.

Cuando esperamos demasiado de algo estático como es una carretera y estamos dispuestos a poner bien poco de nuestra parte, los resultados quizá difieran un poco de nuestras expectativas. Los olmos no suelen dar peras, por muy bonito que sea un coche. Por eso siempre pensaré que la última palabra la tiene quien lleva el volante, porque una carretera no piensa. Algunos conductores, sí.


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7 respuestas a “Trastornos bipolarizados”

18 04 2007
Alvaro (18:03:43) :

La DGT reconoce un aumento del 200% de las victimas en carreteras secundarias lo que equivale a que tambien han aumentado los accidentes.

Me has pasado por meneame?

18 04 2007
Josep (18:59:58) :

Mmm, cuando hablamos de incrementos sobre valores inferiores a 100, desconfío de los porcentajes. Dadas las circunstancias que nos rodean, resulta demasiado fácil pasar de 2 colisiones a 6, por ejemplo, y estaríamos hablando de un 300%. Me parece una forma de expresarlo demasiado efectista. Es como hablar de los que muchiplican la tasa de alcohol permitida: teniendo en cuenta que con un suspiro ya se alcanza el 0,25mg/l lo difícil es no triplicar, cuadruplicar o quintuplicar la tasa cuando se ha bebido. Vale más hablar de valores concretos, es más directo y más fidedigno.

¿meneame.net? No, yo no he sido. Hace tiempo que no tengo presencia activa en la página de Ricardo Galli. Digamos que ya no me siento identificado con el target mayoritario. ;-) De todas formas, si veo tu post por ahí, lógicamente lo votaré. En positivo, claro. :lol:

18 04 2007
Alvaro (20:14:38) :

No te habia leido, la verdad que tienes razon sobre meneame, si es que esto es una mierda, periodismo neutral ya solo quedamos tu, yo y Arturo Perez Reverte (ese por supuesto y supongo que viste que salio en mi blog con su permiso y todo :-D )

18 04 2007
Josep (20:27:26) :

El periodismo neutral no existe. La objetividad, menos todavía.

18 04 2007
madre de Helena (22:19:37) :

Existe una Objetividad muy Subjetiva que dependiendo del sujeto así será más o menos objetiva.
Dicen que los que somos mayores hemos tenido oportunidad de conducir por carreteras de doble sentido durante más tiempo, pero los que son más jóvenes sólo están acostumbrados a conducir por autopistas o autovías, con lo que se producen más accidentes.
No sé si será esta o no la causa.
Si hablo desde mi objetividad subjetiva, veo a mi pobre hija, sacada de una autovía, con dos carriles, en un adelantamiento.
¿Quién se puede imaginar que ese que viene por detrás de ti te va a adelantar empujándote para ello?
Josep, tienes que leer este blog si no lo has hecho aún, http://dondestaeldeposito.blogs.terra.es/
te gustará.
Un beso.
Flor, madre de Helena.

19 04 2007
Alvaro (08:52:51) :

Flor, anotado el enlace que nos das para la seccion correspondiente de mi blog. Gracias.

20 04 2007
Alvaro (08:07:42) :

(comentario movido a off-topic)

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