Instante
Posted by Josep Camós en 06/06/2007
Mario entreabrió el ojo derecho. Apenas podía ver. A lo lejos se le aparecía una mata de cabello revuelto que le recordó vagamente a Sonia. De repente, todo se volvió de un tono verdoso. El dolor, un dolor indefinido y sin localizar, crecía hasta hacerse tan insoportable como los gritos que se ahogaban en su interior.
Intentó tomar aire mientras paladeaba un cálido sabor a hierro. No podía moverse. Poco a poco, dejó de sentir dolor más allá de su cabeza. Dejó de notar la presión sobre su pecho. Dejó de percibir el calor de su propio cuerpo. El frío comenzó a ganar terreno.
Mario dedicó aquel instante a pensar en Sonia. Allí estaba ella, trágicamente despeinada. Apenas podía distinguirla ya. Estaba tan cerca y tan lejos. Pensó en el último beso que habían compartido. Cerró los ojos a su pesar.
Las máquinas comenzaron a seccionar la chapa del coche. Los bomberos extrajeron los dos cuerpos sin vida. Aquel viernes, Mario y Sonia dejaron de tener un nombre y una historia para transformarse en parte de la estadística cotidiana.


José Luis escribió
Una distracción, por pequeña que sea, puede ser fatal. Hace unos días, en la autopista, ví el reflejo de la luz interior (que lleva encendida) en la luna delantera.
No me podía creer que llevara la luz interior encendia. Aprovechando que ni delante ni detrás había nadie, me fijé mejor en la luna y pude confirmar que efectivamente lleva la luz interior encendida.
Cuando volví a mirar al frente (no pasó más de un segundo) vi con horror que tenía la mitad del coche en el arcén. Suerte que allí el arcén era ancho, sino hubiera podido llevarme algo más que un susto.
Desde entonces que entendí perfectamente lo que significa estar atento a conducir y olvidarme de nimiedades.
Este relato me ha hecho recordar esa anécdota, que no había explicado en blog.