curvas rectas

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‘Dura lex sed lex’

Publicado por Josep Camós en 04/07/2007

Hace unos días, en la entrada La impunidad del infalible, José Luis denunciaba y proponía:

“Hay demasiadas leyes, demasiadas normas, y cuesta recordarlas todas (…) Yo simplificaría el código de circulación. Cuatro normas y el resto señalizado, que no haya dudas.”

En aquel momento dije que le respondería vía post. Today is the day.

Comenzaremos por el marco legal. Nuestro Reglamento General de la circulación (2003) se articula a partir de la Ley de Bases sobre tráfico, circulación de vehículos a motor y seguridad vial (1989), que a su vez sirvió para derogar el Código de Circulación de 1934, dando al texto legal la visión internacional que aportó la Convención de Viena de 1968.

¿Sigues despierto? Bien. A Viena quería llegar yo para decir que nuestro marco legal se adapta (más o menos) a una legalidad internacional. Vamos, que nuestras leyes no son una pájara que le dio a alguien un buen día, sino que guardan relación con la realidad legal del resto de países de nuestro entorno.

Seguiremos con alguna que otra definición. El objeto de una señal de tráfico es modificar una norma general o recordarla y enfatizarla. Por otra parte, dicen que la señalización persigue aumentar tres características de la circulación: seguridad, eficacia y comodidad. Si esto último es verdad (que está por ver) cabe preguntarse qué ocurriría si se dejara todo el trabajo regulador para la señalización. Se me ocurren algunas situaciones:

En primer lugar está el caso en que la percepción visual del conductor queda mermada por factores que le son externos. Una imagen cualquiera vale más que mil palabras, y tiene premio quien logre identificar en esta foto un lugar donde emplazar una señal que se distinga con facilidad:

Atasco

Otra situación es aquella en que la percepción del conductor queda mermada por factores que le son propios. El campo de visión de una persona abarca 130 grados verticales por 150 grados en el plano horizontal. Y este campo se ve mermado en un 25% cuando esa persona se desplaza a 35km/h. A 100km/h esta pérdida de campo supera el 70%.

Campo visual

A este factor uniremos otro que se nos presentaría si siguiésemos la propuesta. Contando con una reducida lista de normas escritas tendríamos que recurrir a más señalización. Sin embargo con un campo visual reducido conviene espaciar la colocación de señales así como reiterar la información que dan. Llegaríamos fácilmente a la saturación y de rebote le daríamos la razón a la cita que afirma que el exceso de información lleva a la desinformación.

Por otra parte no podemos olvidar que, aun existiendo unas normas generales que se adaptan más o menos a las convenciones internacionales, existe sin embargo en la señalización una especie de adaptabilidad local que se utiliza para acercar la Ley a las características particulares de cada lugar concreto. Estas señales, sin un referente común, podrían inducir a un error de interpretación a los conductores foráneos.

Sin señales

Finalmente hay que considerar que la mayoría de los conductores ignoran un 70% de las señales. Contrariamente a lo que debatimos aquí hoy, lo que se anda probando en unas pocas ciudades europeas es suprimir la señalización y dejar que sean las personas quienes apliquen con responsabilidad y sentido común las reglas del juego. De hecho, en muchas ocasiones las señales nos recuerdan la norma, así que podría decirse que están de más. Y en un entorno sin señales los conductores tienden a andar con más cuidado. O al menos eso dicen.

En cualquier caso, no creo que la dificultad esté en la abundancia de leyes. De hecho, para conducir normalmente basta con echar mano de unas pocas normas generales. Ahora bien, cuando existe una dificultad real para recordar los detalles del Reglamento que más habitualmente afectan a la conducción cotidiana podemos estar no ante un problema de profusión legal sino ante un sistema de enseñanza/aprendizaje inadecuado.

Dicen que lo que se entiende se aprende y esa es una de las bases del buen hacer del profesor y del alumno. Hay que estudiar los contenidos del manual no para un examen sino para su interiorización. Claro que en este punto nos encontramos también con un problema en la actual concepción de los exámenes de Tráfico, pero eso ya escapa al tema de hoy.

4 comentarios para “‘Dura lex sed lex’”

  1. José Luis escribió

    (To rojo de vergüenza)

    :-)

    Antes de nada, muchas gracias por responder a mi propuesta. Ahora veo que tenía aspectos en contra en los que no había caído.

    Después, yo suelo usar el concepto ‘Código de circulación’ como sinónimo de todas esas leyes que has enumerado, aunque la mayor parte del antiguo Código de circulación fue derogado hace montón de años ya, como tú comentas Josep.

    Parte de lo que dice ese artículo de la DGT ya pasa en nuestro país. Te pones de acuerdo con otros conductores para hacer una maniobra. A mi ya me pasó en el Nús de la Trinitat, donde yo me quiería cambiar un carril a la derecha, pero por él venía un coche “tuneado”. Al ver que yo ponía el intermitente a la derecha, él lo puso a la izquierda, y nos entendimos.

    Otro ejemplo es en un atasco. Dejas entrar a un coche de los que intentan incorporarse (cuando lo egoista sería no dejarlos entrar, para que el atasco sea más pequeño).

    De todas formas, no me imagino yo el cruce entre Diagonal y Passeig de Gràcia con ese formato. :-)

    Bromas a parte, me recuerda las zonas peatonales, pero permitiendo el tráfico simultáneo de personas y coches. Estaría bien probarlo.

    También habría que distinguir tipos de tráfico. No es lo mismo circular por una autopista que por una carretera comarcal llena de baches. O por una zona urbana con aceras anchas (la gente no baja a la calzada) que con aceras muy estrechas (Carmelo, por ejemplo), donde algunas acerás son de juguete.

    Vamos, que es un tema muy complejo. Pero es muy bueno que haya gente que busque soluciones imaginativas, en vez de pasarse todo el día quejándose.

    :-)

  2. Josep escribió

    Por partes:
    Para ponerte rojo de vergüenza (ya me dirás por qué) tenemos este emoticono :oops: que se forma escribiendo : oops : (sin espacios, claro).

    Está claro que la cosa no es tan sencilla como liarse la manta a la cabeza y dejar el mundo sin señales. Entre otras cosas, creo recordar que todas las zonas donde se puso en marcha esa experiencia tenían limitada la velocidad a 30km/h para evitar grandes problemas, y los impulsores de la medida tampoco se libraron de críticas y prejuicios por parte de los habitantes del lugar.

    Por cierto, la plaza Juan Carlos I (donde se cruzan la Diagonal y Passeig de Gràcia) no tiene arreglo. No es cuestión de que esté semaforizada. Es que es un churro de plaza.

  3. José Luis escribió

    Hombre, vergüeza porque yo soy muy tímido, y ver mi nombre ahi como “causante” de ésta interesante entrada en tú blog pues hace que mi timidez me pueda. Pero exageraba bastante.

    Y mantengo lo dicho. Me encanta que haya gente que proponga cosas nuevas, innovadoras. Y en éste caso, si hay buena voluntad y buena educación esa solución sería aplicable a muchas de nuestras calles.

    Un buen ejemplo son las zonas peatonales. Ahora a nadie se le ocurriría quitarlas, pero hace unos años fueron muy criticadas.

    Yo intentaría aplicar esa solución en algunas de nuestras calles. Por ejemplo en las calles estrechitas del Carmel o de Poble Sec. Así no harían falta aceras, que son tan estrechas que acaban siendo totalmente inútiles.

    El ejemplo que ponia, con un toque de ironia, era para decir algo obvio; que esa solución no se puede aplicar en todos los sitios.

    Lo que sí me chocó de esa noticia es que se necesitaran varios años para implementar una solución así. No se si se referia que tardó cuatro años en ocurrírsele la actual distribución de la plaza, o que duarante cuatro años fue cambiando cosas.

    :-)

  4. euskanbria escribió

    A mí me encantan los Holandeses y sus zonas sin señales. Son lo mejorcito. Me encantó pasearme por una de ellas viendo como todos me cedían el paso y de vez en cuando cediéndolo, por no abusar.

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