La frase de estos dÃas por aquà es que la gente no utiliza el transporte público para sus desplazamientos cotidianos (bueno, ni para los del fin de semana, claro). Sólo un 14% de los desplazamientos se realizan en transporte público. Lo leo y me pregunto: ¿A alguien le extraña?
“Ya nos gustarÃa correr, ya, pero…”, se excusaba la autoridad del transporte público barcelonés el siglo pasado. Han pasado los años y la situación sigue siendo caótica en el sector. Quizá en plena ciudad la cosa está algo mejor, por aquello de la integración de medios y porque el metro, aunque escaso y cada vez peor cuidado, siempre da mejor resultado que un tráfico privado sometido al embotellamiento permanente.
En cualquier caso, fuera del área metropolitana el transporte colectivo ni convence ni convencerá si sigue por el camino trazado hasta ahora. Con un panorama que queda en manos de unas pocas empresas que hacen de su concesión un feudo en el que operar a su antojo, sin respetar ni leyes ni horarios pactados, el grueso de la población (que no es tonta) prefiere perder dinero desplazándose en coche que perder la salud fÃsica y emocional a bordo de unos autobuses y trenes que más que prestar un servicio perdonan la vida a sus usuarios, y es que ese modelo funcionaba hace años, pero hoy en dÃa ya no. No es una cuestión de incivismo, es una cuestión de supervivencia.
Ahora que nuestros dirigentes constatan la realidad es el momento de preguntarse cuándo llegarán a la asunción de responsabilidades y, por qué no, a la resolución del problema.


Por no mencionar que el motivo por el que estos habitantes de fuera del área metropolitana se desplazan a la gran ciudad no es para pasearse, sino para trabajar, lo que nos llevarÃa a preguntarnos qué polÃticas se están emprendiendo para fomentar el trabajo desde casa (todo aquel cuyo puesto de trabajo consista en un escritorio, un ordenador y un teléfono podrÃa trabajar con una lÃnea ADSL) o para evitar la concentración de empresas en el centro.
Lo que no deja de tener narices es pensar que la gente se va fuera de Barcelona buscando vivendas más asequibles, y luego vienen a trabajar a pisos comprados por empresas, que sà tienen dinero para pagar los elevados precios.
¿No serÃa más fácil que muchas empresas se situaran fuera de Barcelona? Y no hablo de fábricas o almacenes, sino del sector terciario, que no necesita estar en Barcelona.
Yo todos los dÃas voy a Sant Cugat a trabajar, y miro con una envidia a los que vienen a Barcelona….
Ah, me incluyo en ese 14%, porque hasta hace tres meses yo no tenÃa coche e iba en FGC a trabajar.
José Luis: lo tuyo no cuenta, que tú vas en coche por deporte.
Juan: hace un par de años pasé un buen tiempo de baja por una lesión. Fue entonces cuando cambié mi módem 56 por un ADSL de 1MB. Y fue también entonces cuando comencé a preguntarme por qué no podÃa teletrabajar, si desde la cama tenÃa pleno acceso al mundo entero. De hecho, intenté buscar algo, pero todo era mierda para enganchar a incautos. Es de vergüenza que nadie se plantee en serio impulsar esa vÃa. Todos saldrÃamos ganando: las empresas invertirÃan menos en infraestructuras; el estado, también; gastarÃamos menos recursos energéticos y además trabajarÃamos más a gusto. En fin… seguiremos soñando.
El problema es cuando cojes un BUS entre ciudades. Barcelona - Pamplona (San Fermines :P) . El autobús sale 20 minutos tarde, es incómodo de narices, parada en medio de la Diagonal, sin tráfico, durante 35 minutos, ninguna explicación. Parada cada hora para que el conductor heche el cigarrito a gusto y técnicamente para que los usuarios pudiéramos usar el servicio. Resultado…. llegar a Pamplona 8 horas más tarde con el cuerpo destrozado por las comodidades del BUS. En coche, los 4 que Ãbamos nos habrÃamos gastado algo más, pero habrÃamos llegado en 4-5 horas y seguro que mucho más cómodos.
PD: No pongo el hilo musical, regetón y parecidos, ya que la empresa no tiene culpa del mal gusto del conductor… pero también dolió XD.
Pero, Lupin, eso forma parte del paquete turÃstico, y sirve para que la gente vaya ensayando el “Pobre de mÔ.