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Reinventando la rueda

Posted by Josep Camós en 28/08/2007

A finales del siglo XIX había mucho por hacer. Los ingenieros Etienne Lenoir y Otto habían invertido muchas horas en el desarrollo de sus motores de combustión interna, y tanto Daimler como Benz comenzaban a emplear motores de explosión en sus primeros automóviles. Hasta el momento el grueso de la investigación se había concentrado en conseguir transformar la energía química en energía mecánica. El resto de asuntos habían quedado en un segundo plano.

Los primitivos automóviles tenían serias dificultades para desplazarse. Heredaron las ruedas de los coches de caballos, recubiertas con un aro metálico que no absorbía ninguna irregularidad del terreno. Las ruedas rebotaban continuamente, lo que perjudicaba la mecánica del vehículo y hacía insufribles los desplazamientos. Fuera de las adoquinadas ciudades, las carreteras no eran más que caminos para carretas llenos de baches. Hacía falta encontrar una solución para este problema.

Primer neumatico de DunlopLa primera rueda con cubierta de goma se atribuye a John Boyd Dunlop, que en 1888 se hartó de las quejas de su hijo sobre la bicicleta que tenía y decidió inflar un tubo de caucho con aire a presión, montarlo sobre las ruedas del ciclo y pasar a la Historia como inventor del neumático. Pero aquel invento tenía un problema, del que se dieron cuenta los hermanos Édouard y André Michelin cuando en 1891 llegó un ciclista hasta su fábrica de derivados del caucho para pedir ayuda: aquel hombre era incapaz de reparar un simple pinchazo sufrido en una de las cubiertas Dunlop instaladas en su bicicleta.

No había forma humana de retirar el neumático, y el mismo Édouard Michelin tardó nueve horas en recomponer la cubierta. Mientras trabajaba, la idea vino por sí sola: el éxito de los neumáticos se produciría cuando fuese posible repararlos con facilidad. Dicho y hecho. Aquel mismo año el ciclista Charles Théry ganaba la carrera París-Brest-París a lomos de una bicicleta equipada con neumáticos desmontables Michelin.

En 1895 los hermanos Michelin presentaron su propio automóvil: un Peugeot con motor Daimler dotado de neumáticos desmontables que participaría en la carrera París-Burdeos-París. La dirección del vehículo era tan imprecisa que nadie quería arriesgarse a manejarlo. Al final fueron los mismos hermanos quienes tomaron los mandos.

Al cabo de varias penurias alcanzaron la meta, aunque fueron descalificados por haber cambiado de cubiertas cada 150 km. En París, los neumáticos causaron tal sensación que los más escépticos intentaban reventarlos para ver lo que había dentro. El neumático desmontable formaba ya parte de la Historia del automóvil.


10 comentarios to “Reinventando la rueda”

  1. madre de Helena escribió

    Gracias, por la lección de historia.

  2. Rob escribió

    chachi

  3. UnoQueVa... escribió

    Moola…

    ¡Me gusta este tipo de historias!

    (me ha recordado un poco a fogonazos, lo cual es un piropo)

  4. Josep escribió

    Gracias, UnoQueVa… (un día me voy a montar una lista de nicks curiosos), pero la comparación con el gran Aberron me parece excesiva. :oops:

    Nota para quien le gusten las historias de la Historia: mi idea es ir publicando una a la semana (o cada quince días, no sé), preferentemente los martes.

  5. Alfredo escribió

    Muy, muy interesante.

  6. euskanbria escribió

    Me quedo con la descalificación. Ejemplo claro de que, cuando aparece un genio, puedo identificársele por la cantidad de necios que se conjuran contra él. Sigue publicando estas cosas, que están muy bien. Por cierto: ¿de donde sacas el tiempo y la imaginaria? Entre este lugar y tu otro proyecto… vas a alcanzar a ‘i Fabra’ ;-)

  7. Josep escribió

    Shhht, que lo del otro proyecto es un secreto… ;-)

  8. aronnax escribió

    Genial la historia. Como siempre, una pizca de sabiduria. Enhorabuena por el post.

    Salut!

  9. euskanbria escribió

    Pues ahora lo es a voces… bueno, como los mejores secretos (sí, sí, esos secretos de corte ya sabes… la reina tal se folló a cual y de allí nació el bastardo reinante). Jiaz.

  10. madre de Helena escribió

    Pues mi comentario, de hace dos días, que no se recogio era:
    “Gracias por la lección de historia”.

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