Guerra de sexos y conducción (1)

10 09 2007

Abordar un tema como las diferencias entre la forma de conducir de hombres y mujeres merece varias consideraciones previas, así que espero que comprendas y aceptes que comience este monográfico poniéndome a cubierto.

Entiendo que para algunas personas el tema pueda ser delicado e incluso hiriente, pero no conozco otra forma de tratarlo que tener una buena predisposición y emplear todo el sentido del humor. Si estás de acuerdo con estas premisas, adelante. Si no, ya nos veremos la semana que viene.

Público riendo

Humor e ironía. No recuerdo dónde leí que sólo un 20% de las personas pillan las ironías y los dobles sentidos. Humildemente, creo que esa estimación es demasiado pesimista. Prefiero pensar que hay más gente en el mundo dispuesta a tomarse la vida con buen humor, positivismo y la mejor predisposición. En cualquier caso, lo que saldrá por aquí hay que tomarlo en serio sólo en su justa medida. La ventaja que tengo es que no pretendo sentar cátedra ni convencer a nadie, así que puedo utilizar esa libertad como garantía de tranquilidad.

Lo siguiente es dejar clara una cosa: por una vez en la vida, y sin que sirva de precedente, todo cuanto diré será pura generalización. Estereotipos, si quieres, pero es que no veo otra forma de llevar el tema. Así que no me vengas luego en los comentarios diciéndome aquello de “pues yo no soy así” porque ya sé que no eres así. Claro que nadie es así, pero la gracia es que si juntamos muchos álguienes al final tenemos una especie de monstruo de Frankenstein con rasgos comunes de todos los individuos. En realidad se trata de una cuestión de tendencias. Ah, y lo de los comentarios es broma: di lo que te dé la gana, faltaría más.

Otro detalle más: quizá alguna de las cosas que diga puedan llegar a molestarte, que ya se sabe que lo que se denomina habitualmente “guerra de sexos” acaba fácilmente en acusaciones de machismo o de feminismo. No van por ahí los tiros. Creo que hombres y mujeres deberían tener igualdad de oportunidades en la vida y que en lo laboral sus remuneraciones tendrían que estar acordes con sus funciones y jamás con su género. Supongo que no te sorprende, pero yo lo digo por si acaso.

Y una consideración final. Si después de leerme tu intención es apedrearme, sugiero que antes vayas a buscar al matrimonio Pease. Son de Australia, aviso. ¿Y qué pintan esos aquí? Pues nada, que explotando las ideas a las que apuntaré durante estos días llevan ganados millones de dólares. Será que se non è vero, è ben trobato. O al menos será que hay mucha gente dispuesta a creer algo de lo que dicen. Sabiendo leer entre líneas, descartando algunos extremos y echándole una buena dosis de prudencia, autocrítica e imaginación, yo soy uno de ellos.

Vamos a lo que vamos. Así, de entrada, hay que decir que un hombre y una mujer no son iguales. Si no me crees, échate un vistazo al espejo y luego compárate con alguien del sexo opuesto. Si no ves ninguna diferencia deberías tirar tu espejo, cambiar de referente o ir al médico por si acaso. Y si la ves, ten presente que esa diferencia morfológica se encuentra también en la forma de pensar. No hablo de la ideología de cada cual, sino de la manera de estructurar el pensamiento.

Hasta aquí, ninguna sorpresa, supongo. Sin entrar excesivamente en tópicos, todos sabemos que por regla general un hombre resulta incapaz de leer y escuchar al mismo tiempo, o que una mujer es mucho más locuaz que un hombre y a menudo sus conversaciones tienen la única finalidad de establecer contacto verbal con el resto de las personas. La tendencia natural del hombre es vivir marcándose objetivos, mientras que el objetivo de una mujer es la vida en sí misma.

Ahora bien, ¿por qué hombres y mujeres piensan de forma diferente? Por una cuestión hormonal. La misma que afecta al desarrollo del cuerpo humano cuando solo es un feto afecta también al desarrollo del cerebro. Después de todo, los seres vivos somos simples combinaciones químicas de lo más complejo, así que no hay de qué extrañarse. No, no se vale decir que mataste a tu peor enemigo porque te dio un subidón hormonal, aunque en tiempos pasados el síndrome premenstrual se consideraba un atenuante para las mujeres (para los hombres, curiosamente no).

Estos días veremos cómo las diferencias entre la estructura del pensamiento típicamente masculino y la estructura del pensamiento típicamente femenino dan pie a ciertos matices que afectan en lo sensorial a la vista y al oído, pero también a la concentración mental y al cálculo espacial. Asuntos todos esos que quedan muy ligados a la cuestión del manejo de vehículos, dicho sea de paso.

Ahora, mientras asimilas todo este rollo y te encomiendas a quien tú quieras para soportar la semanita que te espera, te emplazo a que continúes leyendo mañana la segunda parte de este monográfico. Intentaré que sea más entretenida que la plúmbea introducción de hoy.


Acciones

Información

6 respuestas a “Guerra de sexos y conducción (1)”

10 09 2007
Lupin (09:49:38) :

Eno a ver como termina esto… por cierto, lo del 20% puede que lo leyeras en “EL LIBRO FRIKI POR EXCELENCIA”, JPOD.

10 09 2007
Ploncios (10:47:48) :

Vaya pedazo de disclaimer, ¡más largo que el texto!

10 09 2007
aronnax (13:11:40) :

Siempre he creído que últimamente nos la agarramos con papel de fumar demasiadas veces. Al secuestro de “El jueves” me remito.

En esta época de “políticamente correcto” donde los negros son afroamericanos o “gente de color” (¿Qué color?, me pregunto yo. Pues negro) y el llamar a un Magrebí, “moro” es despectivo, pues es normal que al atacar ciertos temas, se ande con cuidado.

Ojo, que me parece bien el aclarar conceptos. Hay gente sin sentido del humor que arma mucho ruido ante cualquier tonteria y/o generalización.

10 09 2007
Josep (19:37:01) :

Lupin:
Debió de ser a través de una referencia indirecta, porque el libro me suena pero ni siquiera lo he ojeado (ni hojeado).

———-

Ploncios / aronnax:
Por si aca.

10 09 2007
madre de Helena (22:31:57) :

Bueno, esperaremos a ver por donde sales.

2 05 2008
buruburu (12:26:27) :

Me parece que es un tema interesante. El feminismo radical ha estado años intentando que las mujeres se comporten como hombres… así les ha ido, y así nos va.

Por suerte cada vez se lee y oye más aquello de que las mujeres aporten lo que les es propio. Y aquí sí que todos salimos ganando, aunque por el camino haya que derribar algunos clichés.

Un ejemplo: en Pamplona, cuando empezó a haber conductoras de autobús urbano más de uno se escandalizó. Y alguno sigue así; son los que sólo ven pasar las “villavesas” sin subirse nunca.

Los usuarios, aunque sea ocasionales, hemos descubierto que se puede conducir un autobús urbano con suavidad, sin tirar a la gente por los suelos en cada frenada, con más amabilidad, etc. Esto ha sido vox populi, por lo que sus compañeros conductores también se han esforzado por mejorar.

En resumen: gracias a ellas, ha mejorado mucho este servicio público.

Llevamos años en los que la conducción era muestra de exaltación del más puro machismo: el coche era el modo de sacar los instintos competitivos, de defender el carril y conquistar la primera posición, etc. Poco a poco nos vamos moderando, y descubriendo que conducir, hoy en día, es convivir. Y en el arte de convivir ellas nos enseñan mucho.

¡Quedamos a la espera de tus comentarios!

Deja un comentario

Puedes usar estas etiquetas : <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>