Guerra de sexos y conducción (y 4)
Posted by Josep Camós en 13/09/2007
En la última entrada tratamos la habilidad espacial característica de los hombres. Hoy acabaremos este monográfico dándole un repaso a la capacidad de concentración, que resulta vital para el manejo de vehículos.
Los dos hemisferios del cerebro están conectados por un haz de fibras nerviosas que se denomina cuerpo calloso. En el caso de las mujeres, el cuerpo calloso es mucho más grueso que el de los hombres, lo que permite un número mayor de conexiones neuronales entre ambos hemisferios. Por otra parte, los estrógenos u hormonas femeninas impulsan las células nerviosas a establecer más conexiones entre hemisferios.
Esta maravillosa conexión entre las dos partes del cerebro femenino tiene un punto débil: la mitad de las mujeres tiene dificultades para diferenciar espontáneamente la derecha de la izquierda, además del resto de problemas espaciales que vimos ayer. Por ese motivo a menudo tienen que pensárselo dos veces cuando alguien les indica por dónde girar en un momento determinado. Anillos, pulseras y pecas varias se encargan en ocasiones de recordarles qué conocemos por derecha y qué, por izquierda.
La rápida transmisión neuronal diluye la sectorización del cerebro de la mujer, por lo que sus pensamientos no están tan localizados como los del hombre. Sin embargo, debido a esta compenetración de las dos mitades del cerebro las mujeres no tienen problema para hacer varias cosas a la vez, mientras que los hombres, con un cerebro mucho más seccionado, están programados para realizar una sola tarea en cada momento.
Después de toda la polémica que se levantó en su momento, a lo mejor va a resultar que la idea del despeñado anuncio de Café Marcilla no estaba tan desencaminada. Antes de que me caigan las primeras piedras, diré que la cosa no es tan exagerada como mostraba el spot, pero algo de verdad hay ahí.
Si no es así, que levante la mano el señor que jamás haya dicho “em, sí, cariño, sí” a su pareja sin saber a qué estaba respondiendo, simplemente porque mientras comprobaba el nivel de aceite del coche alguien llegó y le dijo… algo. Que salga aquí el valiente que jamás se ha pasado de largo una salida de la autopista porque su acompañante le estaba hablando. Y que hable de una vez ese intrépido que nunca ha pedido silencio porque tenía que atravesar un paso estrecho.

Cuando él conduce, cualquier situación que le suponga un esfuerzo adicional lo llevará a concentrar toda su atención en hacer frente a la dificultad. ¿Y cómo lo hará? Pues reduciendo el número de estímulos que lo puedan distraer de su objetivo principal. Para pasar un complicado puerto de montaña en el que un descuido puede acabar muy mal, arrancará la radio del coche y la arrojará por el precipicio, meterá a la suegra en el maletero y amordazará al resto de los ocupantes.
Nuestro hombre necesita concentración. La mujer, capacitada para hablar a la vez de mil cosas diferentes sin perder el hilo y contestar al teléfono mientras escucha las noticias por la radio, no entenderá nada y a lo mejor hasta se indigna por el detalle de la suegra en el maletero. Será cuestión de sacarla al pasar el puerto de montaña. No vale hacerse el despistado.

Esto es, en resumen, lo que se me ha ocurrido desgranar sobre lo que se conoce como “guerra de sexos” aplicada al mundo de la conducción. Espero haber sabido dar algunas pistas sobre las razones que rodean el comportamiento de las personas, no ya solo al volante sino en otras facetas de su vida cotidiana. Es broma. Como dije, no pretendía sentar cátedra sino reflejar unas cuantas curiosidades relacionadas con el asunto.
Vuelvo a insistir en que las ideas no son mías, sino de Allan y Barbara Pease. Las publicaron en su libro ¿Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas?, derivan de la consulta bibliográfica de más de 100 fuentes impresas y en fondo y forma son a mi parecer poco más que un entretenimiento que me ha servido para reflejar tendencias biológicas y no características particulares de cada individuo.
Para complementar este monográfico podría haber transcrito algunos tests sobre el asunto, que siempre enganchan, pero creo que las entradas habrían quedado todavía más extensas de lo que son ya. También sé que hay gente aficionada a las imágenes curiosas como la de la vieja y la joven. Hay en internet muchos sitios donde se alojan este tipo de documentos. Basta con realizar una búsqueda sobre la terapia homeostática de la Gestalt e ir tirando del hilo.

madre de Helena escribió
He seguido tus escritos sobre Guerra de sexos y conducción con máximo interés y con risas y ya tenía casi preparado el último comentario, pero el final, no me lo esperaba y de repente se me ha cortado la risa.
Ese libro del que hablas lo tenía Helena. Fue uno de los que recogimos de entre sus cosas. Estaba lleno de anotaciones y subrayados. Debió sacarle mucho partido de su lectura.
Ya no recuerdo lo gracioso que iba a poner como comentario, no tiene importancia.
Gracias por habermelo recordado. Creo que era una joven que se estaba preparando muy bien para este mundo de hombres y mujeres, complementarios.
Flor, madre de Helena.