Jugando con la suerte de un chaval

17 09 2007

Avenida Meridiana de Barcelona. Noche. Son más de las diez. Es viernes y me dispongo a salir de la gran ciudad para volver a casa. Me detengo en uno de tantos semáforos y a mi izquierda me llama la atención un 4×4. En el asiento delantero derecho, el del copi, veo sentado un chavalín.

“Bueno”, me digo, “irá delante con su elevador, así que no hay mayor problema”. Sólo espero que no le salte el airbag, que eso de llevar críos delante no me hace ninguna gracia. De repente vuelvo a mirar y no creo lo que me muestran mis propios ojos.

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