Un manubrio, un muerto y un motor de arranque

18 09 2007

En los primeros años del siglo XX, manejar un automóvil era toda una aventura reservada a los más intrépidos. Quizá por eso era frecuente que cuando un automovilista se encontraba en apuros acudiera un colega en su ayuda. Bueno, por eso y porque si el apurado se ponía a aguardar a que viniera la grúa le salía barba de tanto esperar.

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