Trabajé durante algún tiempo como chófer repartidor. Me estrené con furgonetas de algo más de 2.000 Kg de MMA y luego llevé uno de esos camiones frigorÃficos de 3.500 Kg de MMA que, aunque son bastante grandes, se pueden manejar con un permiso de conducir de la clase B. Era lo que se denomina un transporte privado complementario de mercancÃas.
¿Eso qué significa? No sufras, que te lo explico muy rápidamente y sin dolor alguno para ti. El transporte de mercancÃas puede ser público o privado. Público es el transporte que hace un señor llamado Pepe al llevar cosas que pertenecen a la empresa de Juan. Por contra, privado es el transporte que hace el mismo Juan (o un empleado a su cargo) cuando lleva cosas de su propia empresa. El transporte privado complementario es la elección del empresario pequeño que necesita llevar sus productos de su fábrica a sus tiendas y no quiere depender de un transportista externo.
Claro, eso tiene su parte buena, pero también tiene su parte menos buena. La parte positiva del asunto es que prácticamente cualquier empresucha de medio pelo se puede comprar un vehÃculo para transportar sus propias mercancÃas. Si los movimientos que necesita realizar no son muy elaborados, con pagar un empleado más y asumir el coste de mantener un vehÃculo es suficiente.
¿Cuáles son los riesgos de esta forma de proceder?
Por un lado, mientras que en la actualidad ya comienza a pedirse una cierta capacitación profesional para ejercer de transportista de mercancÃas ajenas (incluso para el transporte ligero se pide en algunas comunidades autónomas una mÃnima formación), al transportista amateur que lo mismo lleva mercancÃas de un lado a otro que lo ponen a arreglar el desagüe del baño de la empresa no se le pide nada de nada. Si sabe hacer la O con un canuto y además tiene un permiso de conducir, ya es suficiente.
¿Que la capacitación profesional es un churro y no la panacea? Quizá, pero al menos es un mÃnimo filtro, aunque sólo sea como declaración de intenciones de los que se dedicarán a conducir de forma profesional. El transporte privado complementario, por contra, funciona a escape libre. Puede salir bien si el empleado tiene la cabeza bien amueblada, pero nadie se encarga de que eso sea asÃ.
Por otra parte, está la tentación en la que a menudo cae el pequeño empresario que está más preocupado por exprimir los recursos que por obtener resultados de calidad. Este tipo de jefe, mediocre a todas luces, intentará sacar todo el jugo posible del empleado que va arriba y abajo en la furgoneta “sin hacer nada en todo el dÃa”. Desde luego, no ocurrirá asà en todos los casos, pero cuando sucede, el resultado es evidente: el empresario mediocre vuelve loco a su transportista particular. Lo quiere en misa y repicando, y eso que el pobre quizá no sabe ni dónde están las cuerdas para tocar las campanas:
- Nene, ¿dónde andas?
- En Villaburcio del Cogollo Alto.
- Pues vente para acá cagando hostias, que tienes que echarme una mano con la máquina nueva, que se ha bloqueado y no hay manera de que tire. Y tenemos que entregar el pedido mañana a primera hora y lo tienes que llevar tú.
- Pero si son ya las ocho y todavÃa estoy a 80 Km de ahÃ…
- ¡Pues métele caña!
Y como el motor de la furgoneta da de sÃ, la furgoneta en sà misma se parece a un turismo y el transportista amateur no tiene por qué saber más de lo que sabÃa cuando le dieron el carné, ahà tenemos esos bólidos de 3.500 Kg que sólo verlos pasar ya da miedo: ¿LÃmite especÃfico de velocidad? ¿Eso qué es? Si se lleva con un permiso de los de coche, señal de que se puede ir con la furgoneta a 120 Km/h por autopista, ¿no? ¿Y qué gilipollez es esa de que hay que saber cargarla? Pues se mete dentro lo que quepa y arreando, que en media hora tengo que estar de vuelta. Y no me vengas con chuminadas de cuántos kilos llevo encima, que como tenga que dar otro viaje el jefe me capa. Y si la furgoneta revienta, que reviente. Total, ¿el perro es mÃo?
Y asà nos va.


Antes de que alguien lo diga, lo digo yo mismo. Conozco el ritmo que desde las agencias se exige a un transportista público. Pero no es lo mismo que lo que vive dÃa a dÃa el transportista de la Casa. El transportista por cuenta ajena se dedica a conducir y como mucho a prepararse la carga y meterla (y/o sacarla) en el camión. El privado complementario es otra cosa.
Hola.
Anduve yo currando asà unos cuantos años. Mi ex-jefe me mandaba a los sitios a entregar y a recoger trabajo. No era mi función en absoluto, pero yo iba encantado pues, además de salir del “curro” rutinario, me pierde conducir. Eso sÃ, querÃa que hiciese los trayectos en la mitad de tiempo de lo que se podÃan hacer. Y yo le decÃa que “nanai de la China. Si quieres que tarde menos, vete tú”. El problema era que para ir del taller a la esquina de la calle necesitaba un plano, asà que, al final iba yo. En este caso, el jefe intentaba explotarme al máximo, rentabilizando mi tiempo como si fuese suyo. Afortunadamente no pudo hacerlo por problemas de orientación X-D.
Los de “cuenta ajena”, para qué mentarlos… Hay noches que me voy tarde a Madrid, y me pasan por la autopista, generalmente en filas de dos o tres (Seur, Tourline, Nacex…), a más de 140. Y con un trasto de esos, que como les venga un golpe de viento lateral se van a coger patatas. En fin, es lo que hay.
Salu2
sob