“Mira lo que hacen esos”
Publicado por Josep Camós en 23/04/2008
Matías mira por el espejo retrovisor antes de cambiarse de carril. Tiene que girar en la próxima esquina hacia la derecha y para hacerlo debe invadir un carril reservado para el autobús. Eso sí, espera que llegue la línea discontinua para ejecutar la maniobra, que con línea continua le está prohibido. De repente, interrumpe su acción: seis coches seis pasan a toda mecha por su derecha. No son autobuses, pero se han tomado la licencia de utilizar el carril BUS por la cara. Circulan pegaditos unos a otros.
Al final, Matías no puede cambiarse de carril y se pasa la calle por la que debía girar. Me mira y dice:
- Mira lo que hacen esos. No pueden hacer eso que hacen, ¿verdad?
Sonrío con resignación y respondo:
- Hombre; poder, lo que se dice poder… Creo que era Jorge Bucay quien decía que en la vida todo se puede hacer; sólo depende del precio que estés dispuesto a pagar por hacerlo.
- Bueno, vale. Pero…
Me anticipo a su siguiente pregunta y le corto en seco:
- No, ya sabes que no.
Es increíble la de situaciones que me encuentro cada día en las que se reproduce un diálogo parecido a este. Conductores que se saltan los stops impúdicamente, gente que se lanza a correr con su coche treinta o cincuenta kilómetros por hora sobre los límites sin despeinarse, listos que se cuelan por la banda sin vergüenza alguna, peña que le interrumpe el paso a los demás sin siquiera ruborizarse, tíos que corren que se las pelan por un carril reservado como si condujeran un autobús cuando apenas saben llevar un turismo de mierda, coches, camiones y furgonetas tirados (que no estacionados) en medio de las intersecciones entorpeciendo la visibilidad de todo quisque mientras sus respectivos conductores ríen como imbéciles al proferir su grito de guerra favorito: “¡Si es sólo un momentooo!”
Respiro y tomo la iniciativa:
- Matías, como tomes de referencia a la gente, vas listo. La peña va muy mal, y luego pasa lo que pasa. Por eso te explico tanto las cosas: para que te crees tu propio criterio. Haz eso: créate tu criterio y no te dejes influir por lo que vayas viendo por la calle.
- No, si ya, claro – Matías es como el agente especial Mulder, que quiere creer, pero la realidad se le impone a cada minuto que pasa. Mientras hablamos, Matías abre unos ojos como platos: un coche de la Policía Local ha reanudado la marcha mientras el semáforo estaba más rojo que los tomates del Moulin Rouge. Con dos cojones. El vehículo policial avanza lentamente unos metros y se detiene junto a la acera. Encima, recochineo.
De nuevo, la frase de rigor:
- Mira lo que hacen esos.
- Ya, Matías, ya.
Echo una ojeada por la ventana, miro al cielo en busca de comprensión y me cago en todo lo que se menea. Así no hay manera de formar bien a la gente, joder. ¿Alguien ha oído hablar del mimetismo?

Aitor Álvarez escribió
Si el problema al final está en la sociedad. Por eso la única salvación está en la educación vial de base, desde bien canijos -seguro que tus retoños no harán esas cosas cuando sean los nuevos matías- y por eso me estoy metiendo una pechada de horas buscando y recabando información. A ver si sirve de algo.
De momento me lo estoy pasando en grande con los libros de la Tuatara Verde. 230% recomendables.
José LUis escribió
Matías tiene que aprender a hacer las cosas bien. Si luego, cuando ya esté solo, las quiere hacer mal, que las haga.
Eso forma parte de su libertad a decidir. Y sus decisiones tendrás consecuencias, buenas o malas.
A mi también me pasaba como a Matías, que preguntaba a mi profe cosas obvias. Santa paciencia la suya.
Josep Camós escribió
No son cosas obvias: es un deseo irrefrenable que tiene Matías de saber que lo que piensa o lo que hace es correcto. Resulta normal en un momento de su vida en el que todo le supone un mar de dudas y necesita una tabla a la que agarrarse.