Las mil caras de una sola figura
Posted by Josep Camós en 25/09/2008
Rara es la vez que veo desacertado el criterio del examinador cuando evalúa a mis alumnos. En la mayoría de las ocasiones, la marca puesta en la casilla “apto” está más que justificada, y lo mismo sucede con la marca que aparece en la casilla “no-apto”. En ese sentido, no me resulta difícil hablar con el alumno tras el examen, cualquiera que sea el veredicto del examinador.

Por otra parte, quiero pensar que, además de lo que son las faltas en sí, existe una evaluación sobre el conjunto de la actuación del aspirante a conductor. De esta forma, cuando veo que el alumno se queda mirando las musarañas en vez de reaccionar como espero que lo haga, soy yo el primero que piensa que lo mejor que le puede pasar a esa persona es que la obliguen a continuar con su formación en compañía de un profesor. Mejor eso que aprobarlo y que luego tenga un problema por ahí.
También tengo claro que, por bien que lo haga el alumno, por segura que sea su conducción y por preparado que esté para circular por nuestras vías con la sola compañía de una “L” verde, una falta eliminatoria es una falta eliminatoria, por mucho que me duela. Son las reglas del juego y, después de todo, si el alumno ha aprendido a conducir, ese lapsus que le ha supuesto un suspenso le servirá para aprender algo más antes de volver a presentarse y aprobar sin problema alguno.
Entonces, ¿significa esto que veo la actitud de los examinadores como un asunto libre de mácula? A poco que me conozcas, ya sabes que soy bastante quisquilloso, así que la respuesta es: no.
Encuentro dos puntos esenciales en los que resulta difícil identificarse con el pensamiento de algunos examinadores: los recorridos que plantean y la actitud que manifiestan durante el examen y después de él.
Me examino en una ciudad en la que hay de todo: tráfico intenso, zonas tranquilas, rampas, llanuras, vías rápidas, anchas avenidas y estrechas callejuelas, además de intersecciones de todo tipo. Hay zonas en las que no estacionarías ni un Vespino y otras donde encuentras más plazas libres que yendo a un centro comercial en domingo.
A menudo me encuentro con examinadores que saben apreciar esta riqueza y te montan unas pruebas combinadas de lo más reveladoras. Sin meter al alumno (ni al profesor, lo cual es de agradecer) en ningún follón, se hacen cargo del nerviosismo del aspirante a conductor y lo hacen circular por lugares de tráfico más o menos fluido hasta detectar si su ritmo de conducción es lógico y si a pesar del trance que está pasando es capaz de pensar y reaccionar con un mínimo de lógica.
En algunos casos, sin embargo, me he encontrado dando vueltas a cuatro calles mal contadas, hasta que han comenzado a aparecer los errores. O el examinador nos ha sorprendido con un “busca un lugar para estacionar” en una calle donde es materialmente imposible encontrar un puñetero agujero para encajar el coche. O lloviendo a mares se me han quejado de la escasa velocidad a la que circulaba el acojonado alumno mientras buscaba, como no, un “lugar para estacionar” inexistente.
Son cosas que uno no entiende. Tampoco llego a verle el sentido a la actuación de esos examinadores, muy pocos en realidad, que se pasan la prueba refunfuñando cosas incomprensibles, como si les doliera una muela o algo. Ignoro si la razón del lamento es una dolencia física que habría que respetar. Lo que sí sé es que a medida que transcurre el examen, entre letanía y letanía el alumno gana en inseguridad, en cansancio y en nerviosismo. Al final, acaba escamado por la actuación del funcionario que, además de dedicarse a evaluarlo, se ha dedicado voluntaria o involuntariamente a hacerle perder los papeles.
Quiero pensar que esa forma de proceder es un recurso para comprobar hasta qué punto el alumno está preparado para conducir bajo una situación de estrés. De todas formas, creo que con el estrés que cada cual trae de su casa, con la presión familiar y la económica, van servidos. Por mi parte, yo sigo insistiendo a mis alumnos en que no reparen en las formas del examinador, sino que atiendan simplemente a lo que les dice. Pero entiendo que eso es algo muy fácil de decir y muy difícil de llevar a la práctica cuando tienes tras de ti a un desconocido murmurando: “ay, Señor, Señor…”
Finalmente, entiendo que examinador y profesor deben formar parte de un mismo equipo de trabajo cuyo objetivo común es la formación del conductor. Por esa razón, no acabo de comprender que algunos examinadores salgan corriendo del coche, incluso con el motor en marcha, sin siquiera dejarte la oportunidad de consultarle las dudas que te puedan surgir, no sobre su veredicto, sino sobre las faltas que han ido apuntando.
¿Debo estar al tanto de todas las cositas que va haciendo mi alumno? Lo siento, pero no. Esa es la función del examinador. La mía, durante el examen, es garantizar la seguridad del vehículo, de sus ocupantes y del resto de usuarios de la vía. Y bastante faena tengo, teniendo en cuenta la horda de animales que nos rodean. Evidentemente, veré buena parte de los errores que cometa el aspirante a conductor, pero no siempre lo detectaré todo. Sin embargo, me corresponde a mí explicar en qué ha fallado el alumno. Por eso, sinceramente no comprendo que el examinador salga a toda pastilla sin siquiera ampliarme mínimamente sus anotaciones. A no ser, claro está, que ocurra que el objetivo del examinador no es el mismo que el del profesor.
Pero ya está bien de hablar de exámenes. Lo principal es aprender a circular por cualquier vía y bajo cualquier condición, dentro de unos límites. Si se aprende de forma correcta, no sólo se aprueba el examen empleando una buena dosis de concentración y de decisión, sino que se establece una sólida base para continuar el aprendizaje, ya con la “L” verde en la chepa.
Nunca dejamos de aprender. Afortunadamente es así.

Vassag0 escribió
Menudas perlas de examinadores has mentado.
Los míos (los dos que me tocaron) por suerte se mostraron como personas simpáticas. Quizás el primero algo “endiosado”, pero era amable.
Menudo trance si en una situación así te toca un “murmurador”… horroroso.
Eso si, los míos también tenían prisa por abandonar el vehículo. No solo se percibía por su actitud, sino porque ambos dijeron (uno en dos ocasiones) nada mas subir: “Vamos a ir deprisita que me tengo que ir”.
En ese momento se convirtieron en mis ídolos, ojala pudiera llegar yo a mi jefe o alguno de mis compañeros y soltar “Venga deprisita que me tengo que ir”. Deben de tener una jornada realmente flexible.
Hay un punto que me llama la atención:
En las autoescuelas de mi zona lo usual es que estén descontentos. Lo expongo en el caso de mi profesora. Ella siempre hablaba maravillas de todos los examinadores, indicando que su curva de dificultad era muy acertada y su veredicto casi siempre perfecto.
Pero había dos “perlas” que no las tragaba, ni ella, ni los demás profesores, ni las demás autoescuelas. Ella siempre argumentaba que con ellos nunca se sabía. Hacían exámenes largos, llenos de “trampas” innecesarias, y en las peores zonas. De uno decía que era excesivamente puntilloso y que nunca hacía una valoración global. Se limita a ir apuntando todas las leves (que al le parecían, porque algunas eran realmente discutibles) hasta quedarse sin hoja.
El simplemente lo describía como mala persona. Nunca decía nada mas, solo que era mala persona.
A mí, con mi gafe habitual, no podía ser de otra manera me tocaron esas dos “perlas” en mis 3 subidas a examen. La tercera vez ya me dijeron quien me había tocado casi con angustia… porque no se lo creían.
He de admitir que los exámenes no fueron experiencias agradables. Incluso en el segundo suspenso lo pasé francamente mal. En los dos suspensos que tuve mi profesora no estaba de acuerdo con la calificación del examinador. Pero el segundo fue ya algo hiriente, por lo que lo reclamó y lo peleo como algo personal.
Se me pidió en la autoescuela que pusiera una reclamación formal en la jefatura de trafico, ya que era una clara injusticia lo que había cometido ese señor. Incluso en compensación me dieron clases gratis.
Aun después del todo… no guardo “mal” recuerdo de esos dos señores. De ambos lastima, pues uno demuestra que no conoce su labor ni como desempeñarla. Y el otro realmente es una persona con un importante complejo de inferioridad. Que se pone su traje de examinador todas las mañanas cual “superman” (eso si, los calzoncillos por dentro), con la ardua misión de eliminar al mundo de novatos al volante.
Pero es que en todas partes y en todas las profesiones hay gente para todo.
Di escribió
Yo iba con bastante miedo al exámen, de tantas historias retorcidas que había escuchado. Al final, me tocó una mujer, relativamente joven; en todo momento fue muy amable y las instrucciones las decía que daba gusto escucharla. Eso sí, iba en medio de los asientos traseros, casi encima de mi y del profe, supongo que para pillar cualquier tipo de truco… Así que la verdad, una vez ella se presentó y conforme iba disparando indicaciones de manera tan clara y con tiempo suficiente para reaccionar, se me fueron quitando los nervios. Luego el mal rato lo pasé durante todo el exámen de la que se presentó después de mi; porque yo estaba cada vez más convencida de que había suspendido, que cometí alguna falta eliminatoria de la que no fui consciente, ya que mi exámen duró poquísimo, y el de la otra chica, seguía, y seguía, y seguía… casi iba llorando. Pobrecita yo, qué mal rato pasé! De hecho la examinadora una vez finalizaron las pruebas, nada más ver mi reacción cuando me dijo que había aprobado, me dijo que de saber que yo estaba tan ansiosa, me hubiese dicho que había aprobado inmediatamente al terminar mi exámen. (nos lo comunicó ella misma, aún dentro del coche, cosa que me llamó mucho la atención porque si algo se me había dicho siempre es que los examinadores no te dirigen la palabra nada más que para fdarte las instrucciones durante el exámen).
No sé, yo creo que hay de todo. Y después de mi experiencia, estoy más convencida que nunca de que a la hora de aprobar el exámen práctico, el factor “suerte” tiene un alto porcentaje de incidencia, tanto por las condicionantes externas que puedan afectar a la prueba (condiciones climatológicas, tráfico, etc.), como por el examinador que toque en suerte. Recuerdo que mi profesor me presentó una vez a uno que es amigo suyo, y resulta que es famosísimo en Madrid por ser el examinador que más suspensos hace, pero que “a él -a mi profe- le pasaba a todos sus alumnos” (¿?!). Supongo que lo realmente lógico sería que un examinador serio y comprometido con su misión, hiciera una evaluación general del desempeño del conductor, más allá evidentemente de que por mejor que se haga un exámen, una falta eliminatoria es un suspenso, le duela a quien le duela.
Superdriver escribió
Supongo que un examinador al final es humano y hay determinados factores que condicionan su manera de examinar. Yo creo que tuve mucha suerte con los que me tocaron.
El primero era novato en la zona e iba experimentando recorridos. Lo vi un tío muy competente, haciendo todo tipo de indicaciones al alumno, con amabilidad y comprensión (el tipo que se examinó antes que yo hizo bastantes faltas leves producto de los nervios, pero lo cierto es que en conjunto mereció aprobar y así fue). Al parecer, anteriormente había sido profesor de autoescuela y lo dejó, en sus propias palabras, porque “no le realizaba”. Había estado dando cursos de conducción defensiva. Se notaba mucho que le apasionaba la formación vial y que disfrutaba con el tema. Eso sí, al ser de esta manera, sin ser estricto sí que exigía al alumno que tuviese un substrato de buena conducción, o sea: que supiera reaccionar bien en cualquier circunstancia. Nada más darme cuenta de su espíritu, supe que iba a suspender. Porque la enseñanza caótica, desorganizada y crispada de mi profesor sólo me preparó para aprobar el examen (subí al examen cuando mi profesor dijo que estaba preparado, nunca le presioné en este sentido). En mi caso se cumple el tópico de que aprendí a conducir de verdad gracias a la experiencia en solitario.
El segundo que tuve (y con el que aprobé) también era educado, aunque silencioso, y se le veía un perro viejo en el asunto. Su aspecto era bastante estrafalario: en bermudas, gorra y riñonera, parecía un turista cutre. Pero fue extremadamente tranquilo, no me puso para nada nervioso, todo lo contrario, y gracias a eso pude ejecutar a la perfección aquellos aspectos que eran mi fuerte y gracias a los que aprobé (el aparcamiento, los cruces, las rotondas: éstas fueron para mí un gran quebradero de cabeza hasta que les pillé el punto). Por entonces ya era un conductor irregular: se me daban bien algunas cosas y muy mal otras.
Ahora bien, en el segundo examen coincidí con una chica (muy guapa, por cierto) que ya subía por sexta vez y que me habló de un examinador que respondía perfectamente al que ha explicado Josep del refunfuñador.
Jracing escribió
Josep, podrías hacer una entrada de aventurillas y cosas que te han pasado durante los examenes a modo de entrada de “respiro y desahogo”.
Siempre y cuando no sea incurrir en el secreto profesional claro está.
Saludos!
José Luis escribió
Mi examinadora se portó muy bien. Incluso me repitió una orden porque creyó que no la había entendido (me tenía que haber puesto en el carril de la izquierda y seguía en el de la derecha, porque aún tenía tiempo de cambiarme).
Habría que ver cuántos examinadores aprobarían sus propios exámenes.
Por otro lado, los examinadores huraños deberían tener gran éxito entre los aspirantes a conductores noveles. A fin de cuentas, Dr. House es una serie de mucho éxito y el dr. en cuestión tiene bastante mal genio.
Josep Camós escribió
Vassag0:
Sobre lo de estar de acuerdo o no con el veredicto: Es que hasta ahora no me he encontrado con ningún caso en el que el examinador haya apuntado cosas al tuntún. Cuando acaba el examen pillo las actas y se las leo a los alumnos, y les explico una por una todas las faltas que veo apuntadas. Y luego, cuando se da el caso, explico otras cosas que he visto yo e intento contextualizarlo todo un poco, para que entiendan qué ha ocurrido y por qué.
Es habitual que los examinadores tengan prisa. En una ocasión, uno me echó la bronca porque según aseguró él llevaba 20 minutos esperando en la zona y me había visto pasar por allí. Es cierto que pasé por allí un rato antes, pero la cuestión es que llegué a mi hora en punto. ¿Había razón para la bronca? No. En mi convocatoria indicaban una hora y yo me presenté a esa hora. El resto no es asunto mío.
¡Jracing:
¡Tú, morboso! Ya tienes en el párrafo anterior una historia sacada de un examen.
++++++++++
Lo cierto es que la gran mayoría de los examinadores que voy viendo son gente muy normal. Hay gente pa tó. Por poner un ejemplo concreto, el examinador que me ha tocado esta mañana era un tío que ya había visto en otra ocasión. Este hombre, sin hacer nada especial, me parece genial. Se busca un recorrido combinado sin cosas muy salvajes ni cosas muy facilonas. Normal. Y habla con una amabilidad que, la verdad, se agradece enormemente. La alumna que subía hoy conmigo a examen, una chica a la que los malos modos le afectan un montón, ha aprobado.
sob escribió
Bueno, pues os cuento el mio.
Hice el examen en Móstoles (Madrid). Yo era el segundo, y una chica la primera. Sacó ella el coche de la JPT y lo llevó a Móstoles (habrá un par de kilómetros), y la hizo estacionar. Suspensa. La verdad es que la cagó a base de bien. Se le caló el coche al arrancar, no colocó los espejos y lo hizo en movimiento, se incorporó a la autovía a 60 y fue hasta Móstoles a 80 en tercera. Allí cogí yo el coche, e hice un examen de 10. No iba nervioso, entre otras cosas porque llevaba ya cuatro años conduciendo (en zonas privadas, claro), desde coches hasta autocares. Sólo estuve a punto de saltarme un semáforo puesto a mala leche (de hecho hace años que lo quitaron porque todo Dios se lo saltaba porque no se veía) Luego, al llegar al centro de exámenes, el examinador salió “volando” del coche. “Apto”, y felicitación del “profe”: la hoja de incidencias en blanco.
Salu2
sob
Josep Camós escribió
Mola cuando te entregan un acta en blanco. Pero mola más cuando te das cuenta de que, aunque el acta esté en blanco, tú has visto como tres o cuatro leves planeando por ahí.
EDILBERTO CORREA G escribió
Cualquier persona a la que le dicen que la van a examinar se pone nerviosa lleve los años que lleve conduciendo. Algunas veces se encuentra unos desconsiderados que parecen paridos por un dios griego o la última Coca Cola del desierto descrestando a un aprendiz. Comparto plenamente la actitud de aquellos que más allá de su posición y del apto o no apto imparten y comparten unas directrices que a uno lo marcan y más en temas de seguridad vial.
Alexuny escribió
A mí me tocó uno de los “raros” y como tal, suspendí el primer práctico.
Según él, pisé la línea de una isleta. Algo totalmente falso. Pero suspendido me quedé, por mucho que le dije que yo estaba controlando el lado derecho en todo momento por el retrovisor derecho. Tampoco sirvió de nada la opinión del coche escoba que venía detrás el cual tampoco vió que pisara ni una sóla línea.
Eso es lo que hay.
Eso sí, a la segunda, el carnet al bolsillo. Y también tuvo el examinador su fallo, pues según él había pasado por un cruce un pelín más ligero de la cuenta sin prestar atención a los que venían. Falso, no sólo llegué al cruce viendo que venía una furgoneta blanca, si no que ví también que no había nadie más, que tenía un Ceda al Paso que respetar por su parte, y deceleré suavemente previniendo por si “lo respetaría o no”. Igual a éste hombre se le pasó que uno tenía ya cierta soltura y confianza conduciendo el R19 4 puertas de la autoescuela… pues desde hacía ya como mes y pico o igual más que el profesor no tenía que actuar ni corregirme en nada.
Pero bueno, en ése segundo intento quedó la cosa en “falta leve”. Y que el examinador igual tendría el ombligo demasiado pequeño. Eso sí, más correcto y educado que el anterior también lo era.
examinador escribió
Esto va dirigido especialmente a los profesores de autoescuela.
Hola. Bueno, lo primero es decir que es la primera vez que hago esto del blog. Lo segundo es confesar que soy… examinador de tráfico..
Me he alegrado mucho al ver que la mayoría de comentarios referidos a examinadores son de buen tono; la verdad, me esperaba justo lo contrario. Cuando era un enano y me saqué el B ya empecé a oir comentarios negativos. Me suspendió un capullo por subirme, aparcando, a un bordillo casi inexistente, y después de un examen más o menos perfecto. Yo me acordé de todos sus muertos.
Me pareció bastante injusto, por mucho que se ajustara a los criterios. Por eso ahora trato de hacer exámenes globales, pero a veces es realmente jodido. Por ejemplo, tras un examen perfecto un alumno hace un stop como un ceda el paso. Pues da pena, pero hay que apuntarlo. Otra cosa es que tras un gran examen no sea capaz de estacionar; pues en vez de eliminatoria se le pone deficiente y que aprenda por su cuenta, digo yo…
Yo creo que, en general, tenemos peor fama entre los alumnos que entre los profesores. Los chavales no escuchan cuando les explicas por qué han suspendido (yo sí lo hago), y luego cuentan lo que les parece. Por dios, cómo va a suspender alguien por dos calados!
Y sabéis de la cantidad de veces que miramos para otro lado con las leves…
Por otra parte hay que reconocer que hay examinadores (y profesores) para todos los gustos, como es natural. Lo ideal es que intentemos llevarnos lo mejor posible, ya que si todo va normal pasaremos varios años trabajando juntos, y los alumnos aprueban y adiós.
Me explico. Tengo compañeros que piensan que los profesores sois lo peor, y sé de profesores que piensan cosas parecidas de nosotros. Me parece una chorrada digna de amargados.
Por último comentar cómo fue mi primer día. Yo estaba mucho más nervioso que el alumno, seguro. Encima empecé en una ciudad que no conocía. Mis ojos como platos y el cuello estirado buscando señales y marcas viales y todo eso, y sobre todo rezando para que no se me escapase nada gordo y no quedar como un gilipollas.
Desde aquí pido comprensión para los examinadores nuevos. Se tarda un poco en cogerle el truco. Al principio se apunta TODO lo que se ve, porque salimos con la escopeta cargada de móstoles, pero pronto se empieza a dejar de apuntar cosas, y luego más cosas, y más… hasta que llegas al examen global que decía antes. Al menos es lo que yo considero ideal.
También es gracioso ver a profesores el día de su estreno, porque suelen ir descompuestos, es normal. Sobre todo con el tema de cuándo pisar o no.
saludos…
Josep Camós escribió
Muchas gracias por tu aportación, examinador.
Se confirma todo lo que yo sabía (por algún examinador sincero como tú) y todo lo que iba intuyendo.
Anécdota:
El otro día me tocó un “doble examinador” (examinador y examinador novatillo, aprendiendo recorridos y tal). Hicimos un examen eterno. Menos mal que yo llevaba como alumna una verdadera corredora de fondo, que si llego a ir con un histérico la liamos pero bien.
No, pero estuvo muy bien la experiencia, la verdad. Muy agradable y muy bien.
Recuerdo que el examinador iba susurrando a su compañero en plan “y allí hay un stop y te vas a parar a la calle de antes” y de vez en cuando se despistaba un poquillo de ir guiando a la aspirante. Total, que cuando yo veía que llegábamos a un punto en el que el examinador tenía que pronunciarse por narices me ponía a mirar por el retrovisor a los ojos del examinador y arqueando mis cejas hasta el techo del coche, rollo Mr. Bean. Lo mejor de todo fue cuando estuvimos a punto de pasarnos la zona de examen y yo por poco me parto las cejas “llamando” al examinador para que le dijera a la alumna que girara.
Y sí, ella aprobó.