¿Te aparco el coche?
2 05 2008Comentarios : 8 Comentarios »
Etiquetas: estacionamiento, sexos
Categorías : Imágenes
Yo comprendo que a veces es complicado buscar un buen lugar en el que estacionar. También entiendo que haya quien se dedique a denunciar las malas actitudes de quienes a la hora de dejar su vehículo no respetan a nada ni a nadie. Yo todo eso lo asumo…
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Hablando de lo que hablábamos estos días, mira que forma tan tonta de hacer polvo un coche.
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Que cada ayuntamiento tenga las competencias sobre cómo organiza las plazas de estacionamiento dentro de su municipio es lógico de entrada. Nadie mejor que uno mismo para saber cómo optimizar su propio territorio. Sin embargo, a veces el conductor que llega de visita a diferentes lugares se encuentra con medidas un tanto sorprendentes, por exceso o por defecto.
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La Sevillana de los bloques de Martirio era toda una oda al glamour de hipermercado que olía a blusa de Sepu y a manjares domingueros comprados a precio de saldo. Pero el verdadero homenaje al lujo mal conjugado lo presencié hace unos días en el Centro Comercial Baricentro, de Barberà del Vallès.
Para conseguir la convivencia de todos los elementos que participan en el tráfico resulta indispensable señalizar adecuadamente las vías por las que transitan los vehículos, sean públicas o privadas de uso común. Toda señalización responde a unos criterios internacionales que, con variaciones entre algunos países, se recogen en los catálogos de señales que aprueban los diferentes estados. También los letreros adicionales deben cumplir con unos criterios estandarizados para asegurar la total comprensión por parte de todos los usuarios de la vía.
Pero, claro, en ocasiones sucede que alguien entiende un letrero de forma diferente a la pretendida y acaba obrando en consecuencia:
Lo confieso: soy un tonto del culo. Un pringao, un lelo, un simple, un imbécil, un necio. Un pasmao, un papanatas, un ceporro, un ignorante, un melón. Soy un triste majadero, un pazguato, un lerdo, un mentecato y un idiota.
Hace unos años, trece ya y cómo pasa el tiempo, tuve un pequeño encontronazo con los operarios de una grúa municipal de Barcelona. Querían llevarse mi coche y yo no estaba de acuerdo. Les pedí una explicación y no supieron argumentarla. Se limitaron a hacerse el chulo mostrándome el escudo del uniforme, que al parecer les debía de otorgar la razón absoluta sobre todas las cosas. Tras un breve diálogo de sordos decidí hacer caso a la pacificadora agente de la Guàrdia Urbana que los acompañaba, dejar las cosas como estaban y retirar mi vehículo antes de que lo engancharan.
Ayer vimos la importancia del momento justo del giro, del grado de inclinación necesario para acercarse a la acera y de la consonancia entre velocidad de desplazamiento y velocidad a la que se gira el volante de la dirección. Para eso resulta imprescindible dominar cinco zonas de observación alrededor del puesto de conducción que nos permitirán actuar en consecuencia a medida que llevamos a cabo la maniobra de estacionamiento en cordón. Hoy le echaremos un vistazo a diversas situaciones que nos pueden complicar la vida e intentaremos defendernos en consecuencia.
Ayer hablábamos de cómo los movimientos del vehículo se desglosan en giro y desplazamiento. Con el volante totalmente girado, tenemos un giro absoluto sin apenas desplazamiento. Con el volante recto, tenemos total desplazamiento con ausencia de giro. A medida que situamos el volante hacia el final de su recorrido de giro, disminuye el desplazamiento y aumenta el giro. Y si tenemos el volante completamente girado pero lo devolvemos un poco a la posición de reposo tendremos menos giro pero mayor desplazamiento.
Como quizá no recuerdes, ayer comentaba yo que el clásico sistema de tomar referencias con el vehículo de la autoescuela tiene un problema: a la que cambias de vehículo, varían las referencias, y tras la autoescuela no suele haber nadie a tu lado que te diga cuándo tienes que girar el volante y cuándo no.
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