Allá por 1972, los fineses descubrieron que encender las luces de los coches durante el día podía ser útil para evitar choques y atropellos. Quizá por eso decidieron comenzar a llevar el alumbrado en marcha a cualquier hora y bajo cualquier circunstancia. No debió de ser mala idea, cuando países como Noruega, Suecia y Austria se decidieron a tomar ejemplo. Ahora, sólo 34 años más tarde, la UE está estudiando cómo sería eso de circular con un alumbrado específico de día. Mientras se lo piensan en Bruselas, y mientras deciden si la bombilla tiene que ser blanca o verde con topos rosas, ilustraremos la espera con un par de datos: reducción del 20% de las colisiones y reducción del 15% de los atropellos. Que sigan estudiando, que igual a la vuelta de cincuenta años habrán sacado algo en claro.
En España, de momento la DGT comienza a recomendar el uso diurno del alumbrado de cruce, que hace años que es obligatorio para las motos. Quizá por este detalle, algunos colectivos de motoristas han mostrado su recelo ante la generalización del alumbrado diurno, por aquello de perder la exclusividad en esto de ser vistos a distancia. Dicen los estudios que no hay peligro. Que el uso de las luces sólo ha de traer felicidad para todos, y un solo inconveniente: el desgaste de las bombillas. Precisamente por eso, uno se pregunta por qué no se han evitado más accidentes hasta ahora. A partir de hoy, iré con las luces encendidas a todas horas. No me hagan ráfagas ni me piten. Estaré evitando accidentes, dicen.
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